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No es estar vacío


Supongo, 
o al menos me pasa a mí, 
que echar de menos a alguien 
hace que los segundos parezcan horas.
Como cuando esperas ese día
con el que llevas soñando años,
o consigues ese cromo 
por el que llevas luchando toda la vida,
o tus padres te dan una noticia
que quizá hubieses preferido no conocer.

Nunca he sabido 
hasta que punto es bueno echar de menos a alguien,
también porque nunca he sabido si me echaban de menos a mí.
Al fin y al cabo, siempre he estado. 
Para todo.
Para todos.
Supongo que echar de menos a alguien te hace recordarla,
recordar su sonrisa,
su risa,
su pelo,
sus ojos,
cómo te mira,
cómo te toca,
sus manos,
sus sueños,
sus pesadillas,
esas pesadillas que sólo te ha contado a ti,
esos sueños que sólo ha querido soñar contigo,
esos abrazos,
sinceros,
y cada momento que hace que sonrías.

Personas así 
son las que quiero que ocupen mi pensamiento,
personas como tú.
Porque pienso en ti 
y sonrío,
porque pienso en ti 
y recuerdo cada suspiro de felicidad,
porque pienso en ti, 
y todo lo malo se queda atrás,
se cierra una puerta que nos separa
y lanza la llave de la cerradura al mar,
donde no vuelve jamás.

Ojalá echéis de menos como echo yo de menos ahora. 
Ojalá tengáis un abrazo sincero en cada regreso.
Ojalá estés, 
y sigas estando.
-Sólo cuatro lunes.

"Echar de menos no es estar vacío, es estar lleno de una persona que está muy dentro de ti, aunque se encuentre a miles de kilómetros".

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